El pregón del manisero

Se extinguió como tantas especies en el planeta. Así es, ya nunca se verá por ahí aquel personaje folclórico cubano, sin rostro ni cuerpo que lo represente con nombre propio pero cuya estampa con lata de maní, pantalones remangados, delantal y los cónicos cucuruchos de maní en mano, rondan nuestra mente cada vez que se oye: “manííí, manííí, si te quieres por el pico divertir, comete un cucuruchito de maní…”

Y juepaje, “que calentito y rico está, ya no se puede pedir más, ay caserita no me dejes ir porque, después te vas arrepentir y va a ser muy tarde ya…” ¿Y juepaje, qué produce usted?

Resoluciones, resoluciones confío yo, pues de seguro usted no es de los que manipula una prensa hidráulica. Usted supongo yo, es de aquellos cuya labor es tomar decisiones.

El quid es que el granjero que cultiva maní no se deja abatir por su labor, como tampoco evita sembrar el maní o descascararlo o postergar la cosecha y menos aún pretender que el vecino cultive su maní.

Por lo tanto y si ya salió de la sesión de ‘lluvia de ideas’, asuma todas las resoluciones que le corresponden puesto que solo así logrará superar el asunto.

¡Y juepaje!

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